Por Juan David Manotas Escudero
Habría de ser sencillo comprender que todos merecemos un
buen trato. La igualdad basada en el valor elemental de todo ser humano (por el
mismo hecho de ser humano), es el derecho atropellado, denunciado por Héctor
Abad Gómez a lo largo de su libro “Manual de Tolerancia”. Temas como el
fanatismo y su antónimo: la tolerancia extrema, ¿el Capitalismo o el
Comunismo?, Genios y mediocres, el Cristianismo y la religión en general, la
Eutanasia, la sabiduría, entre otros; llevan a la reflexión personal acerca de
nuestras convicciones y creencias.
Maldad Sembrada.
El creer en algo y/o
en alguien es, sin miedo a equivocarme, una necesidad más del hombre. Histórica
y geográficamente, las diversas creencias religiosas, políticas, filosóficas,
económicas, etc; se han acentuado en algunos puntos más que en otros, creando
(si fuera una gráfica), varios picos de diferente acentuación.
Cuanta diferencia hay
entre la gente de aquí y de allá. Cuanto daño nos hacemos al no poder respetar
las creencias y convicciones de los demás; lamento que concuerda con el
pensamiento del ya fallecido Héctor Abad, quien decía:
“Con las mejores
intenciones, creyendo fanáticamente hacer el bien, se han arrogado para sí
mismos la verdad y el derecho a imponerla y han causado perjuicios sin cuento.
El mundo sufre todavía y tendrá que seguir sufriendo las consecuencias de los
que creen siempre que tienen la razón. Ellos han conducido al mundo a las
grandes guerras y a los grandes sacrificios. Luchas religiosas, luchas
ideológicas, luchas políticas, luchas raciales, todas nacen en la mente de los
hombres que no pueden admitir que pueden estar equivocados. En la mente de los
hombres que creen tener la verdad revelada.” [1]
De igual manera, el amor como ente universal llevaría al
mundo a grandes niveles en todas las áreas. La armonía producida, se
convertiría en la mejor melodía jamás escuchada. Abad Gómez habla de esto
también, mostrándose muy esperanzado y crédulo, con mucha fe en que en algún tiempo
esa armoniosa melodía podrá ser escuchada:
“Nos
hemos dado cuenta de que muchas de nuestras actuaciones se basan en
conocimientos errados o en prejuicios acumulados por la ignorancia de
generaciones anteriores, que se reflejan inconscientemente en nuestra manera de
actuar, de ser y de pensar.
Naturalmente,
estos sentimientos no los comparte todavía la mayoría de los seres humanos.
Pero en todas las nacionalidades, en todos los grupos y aun en todas las
religiones hay hombres y mujeres que están influyendo o influirán para que
estos conceptos se vayan extendiendo y se vayan haciendo parte de la cultura
humana única que existirá en el futuro. Una cultura en que las nociones de
convivencia, de igualdad, de fraternidad entre toda la especie humana, sean
aceptadas como cosas naturales y corrientes.” [2]
Tal vez, aquella melodía nunca será escuchada en esta
tierra; evidencias claras de esto las vemos a diario con cada acontecimiento
que corrobora la existencia del egoísmo profundo de gran parte de la humanidad.
Quizá, en algún momento, una fría y aparente paz se asemejará a “la cultura
universal” de Abad Gómez, mas lo más probable es que no sea duradera, puesto
que luego saldría a relucir la maldad sembrada en esta tierra.
Vida.
Puede que sea una palabra corta, pero también, puede que
tenga un sinfín de significados. Consultando el concepto de “vida” en el DRAE,
encontré dos definiciones que sedujeron mi razón, inicialmente. La primera dice
que es la fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser
que la posee. Esta primera es muy científica, una de esas definiciones que te
es necesario, en la mayoría de los casos, leer más de una vez para entender lo
que dice en sí. Esto es muy cierto, en esencia eso es la vida, el motor
invisible, indescriptible, y tal vez… inentendible en su totalidad, que permite
el funcionamiento de la máquina. En segunda instancia, encontré el concepto que
escribe Abad Gómez en su libro, el cual escribiré más adelante. El tercer
concepto, apetecible por mí mismo, es el siguiente: “Modo de vivir en lo tocante a la fortuna o desgracia
de una persona, o a las comodidades o incomodidades con que vive.”
Vida
verdadera es aquella que está
llena de plenitud. Definiendo plenitud como la virtud de sentirse satisfecho en
los aspectos más relevantes de la vida. Una buena vida es la que está fundada y fundamentada en el amor.
El concepto de Héctor Abad acerca de la vida es el que
plasma de la siguiente manera:
“Para
mí, que en este proceso de nacimiento-muerte que llamamos vida…” [3]
Es una fría, e incluso, podríamos decir, estoica visión
de la vida.
Como dice su hijo, Héctor Abad Faciolince, en el prólogo,
“Manual de Tolerancia” no es un manual, mas al leerlo diría que “Tolerancia” no
describe, eficientemente, el mensaje que guarda este libro, para mí es más un
“Manual de Vida”, por esta razón hago énfasis en la vida.
“…
Cuando todos reconozcamos la igualdad intrínseca y potencial de todos los seres
humanos habremos dado un gran paso hacia el mejoramiento de las condiciones de
vida de todos.” [4]
Párrafos, que tocan diferentes temas, abarcan al final la
misma idea, la misma esperanza de una mejor vida, no en la eternidad cuando
muramos, sino en este tiempo, en este momento, en el ahora.
El Amor.
Antes de hablar del amor en sí, analizaremos el amor en
las calles, y esto es, siendo más exacto, la “consideración con el otro” o el
trato con equidad, respeto, igualdad, tolerancia, amabilidad, y lo que le
queramos agregar.
Las personas, hoy en
día, viven o vivimos detrás de una máscara, que oculta nuestro verdadero “yo”,
y todo esto radica en la herida profunda del ser humano, nacida de diferentes
situaciones por las que hemos pasado a lo largo de nuestra vida.
Se vive un
distanciamiento, que cada vez se ensancha más, que cada vez es más fuerte,
denso, asfixiante y sofocante. Digo esto por lo que puede apreciarse en todo
lugar donde haya un encuentro de dos grupos étnicos, o grupos de defensores
apasionados de algún género sexual (Feminismo, Machismo, etc.), partidarios de
algún grupo político, o hinchas de diferentes equipos de fútbol. Pero no sólo
distanciamiento, también, se vive la violencia.
“La violencia es
sólo un síntoma de males sociales profundos, tales como la injusticia, la
pobreza, la mala distribución de las riquezas, la ignorancia o el fanatismo.” [5]
Los límites
imaginarios que colocamos alrededor de nosotros son, tal vez, inculcados desde
que somos muy pequeños por las personas más cercanas a nosotros, y también, a
lo largo de la vida, a través de nuestras propias experiencias y tropiezos con aquellos
que son diferentes a nosotros.
“El modo de ser
de una persona, sus maneras de reaccionar, sus maneras de buscar su propia
felicidad, no son exactamente escogidos por esa misma persona. Son creados por
su ambiente, por su educación, por su medio, por su herencia, por su familia,
por su nacionalidad, por el clima en que haya vivido, por las influencias de
las personas con quienes haya estado en contacto. Esto creo que es algo tan
evidente que no necesita demostración.” [6]
Es posible encasillar entonces, todo este fenómeno en
unas pocas palabras: “El Gran Egoísmo”. Es triste, pero cierto, al referirse a
esta realidad que algunos no quieren, no pueden o se niegan a aceptar. Todos
vivimos bajo un objetivo: “Ganar”, nadie quiere perder, y si nadie pierde…
¿cómo alguien podría ganar? Esto es lo que pasa en la política, como lo refiere
Héctor Abad, pero también en muchos de los aspectos de la vida humana.
“…
El picking order que llaman los investigadores de la conducta animal, es decir,
la lucha por alcanzar el lugar del pollo que pica a todos los demás y no es
picado por ningún otro; el segundo, es decir, el que apenas es picado por el
primero, pero que puede picar a los otros y así sucesivamente, hasta el último,
que es picado por todos y no tiene a nadie a quien picar.” [7]
No
hay que analizar mucho para darnos cuenta que estamos pasando por una grave
necesidad de amor en todas las áreas de la vida. Pero, ¿qué es el amor? ¿Es
otra loca invención del hombre como las caricaturas, el té instantáneo o el peluquín?,
ó, ¿es tan real como los ojos hermosos, las melodías que seducen los oídos o la
maldad de este mundo? Si hay maldad, entonces, hay bondad; si hay sufrimiento,
hay felicidad; si hay odio y desamor, ¿por qué no ha de existir el amor?
El
amor, para algunos, es el sentimiento más grande que un hombre puede sentir. Es
por el amor que se mueve el mundo. Se dice que algunas personas se mueven por
el dinero, pero no es por el dinero, sino por el amor a él.
Cuando
se toca el tema del amor, surgen diferentes reacciones: algunos se quejan de
aquella estupidez, otros se inspiran y parece que volaran entre nubes de
algodón, otros quieren matar al idiota que escribió el texto. Hablar de muerte,
de tristeza, de desmembramientos y demás, resulta más entretenido al consumidor
y al productor; así como la abuelita disfruta tanto al hablar de su hijo más
querido.
El amor nos involucra a todos. Cuando
nacimos, nuestra capacidad de amar se encontraba en una intensidad del cien por
ciento, hoy muchos no se acuerdan de cómo se siente amar.
La felicidad va de la mano con el amor. No se
puede decir “soy feliz” si no hay amor.
“…
Pero van pasando la antorcha y la bandera a las generaciones sucesivas, con la
esperanza de que cada vez sean mayores la igualdad, la justicia, la libertad,
el amor entre los hombres. Eso, repito, les da significado a sus vidas.” [8]
La
Vida y El Amor.
La vida actual y la esperanza del aumento del amor en
cada parte de ella es lo que compone el todo de “Manual de Tolerancia”, escrito
por Héctor Abad Gómez. En él se denuncia
y aun se aborrece cada acto de desigualdad, de intolerancia, de irrespeto, de
hostilidad, de ignorancia, de mediocridad. Es hora de despertar del letargo en
el que estamos inmersos para encontrarnos con la realidad, no de un país, de un
mundo cuyo egoísmo ha crecido en gran medida.
“Creo
que podemos ponernos de acuerdo en lo siguiente: toda persona, por uno u otro
motivo, lo que consciente o inconscientemente está buscando es su propia
felicidad.” [9]
Pero lo malo no es que se busque el bien propio, lo malo
es que por encima de cualquier cosa, aun por encima de cualquier hombre o
mujer, se prosiga a ese fin egoísta.
Hombres y mujeres, no serán las armas, no serán los
gritos, no serán los golpes, no será la fuerza bruta, no serán todas estas
cosas las que cambien el mundo, ya lo hemos intentado de esta forma por muchos
años y las consecuencias han sido nefastas. Es con amor, con una concepción de
vida diferente, siguiendo en primera instancia el amor. Pero el amor verdadero,
no el amor bruto que sale del corazón, pues engañoso y perverso es el corazón
más que todas las cosas.
¿Qué será del hombre en esta tierra? ¿Seguiremos
matándonos sin piedad y vilmente? ¿Llegaremos a un acuerdo para vivir mejor?
¿Quién o qué será el centro de nuestras vidas? ¿Cuál es el propósito de vivir?
[1] Abad G. Héctor. Manual de Tolerancia. Cap I. Pág 19.
[2] Abad G. Héctor. Manual de Tolerancia. Cap VIII. Págs 37 y 38.
[3] Abad G. Héctor. Manual de Tolerancia. Cap XXVI. Pág 83.
[4] Abad G. Héctor. Manual de Tolerancia. Cap XVI. Pág 61.
[5] Abad G. Héctor. Manual de Tolerancia. Cap XXII. Pág 72.
[6] Abad G. Héctor. Manual de Tolerancia. Cap XXVII. Pág 84.
[7] Abad G. Héctor. Manual de Tolerancia. Cap XXIV. Pág 77.
[8] Abad G. Héctor. Manual de Tolerancia. Cap X. Pág 46.
[9] Abad G. Héctor. Manual de Tolerancia. Cap XXVII. Pág 83.

