La nostalgia es una compañera eterna, nunca me deja, puede ser dañina o beneficiosa, según los ojos que la miren, pues, con sus recuerdos, logra tocar las fibras más sensibles del corazón; su poesía puede ser mortal. Si me preguntan, hoy, quién soy o me piden mencionar algo que me caracterice, diría sin dudar que soy un observador, un escucha obsesivo que desnuda el alma por medio de los gestos imprecisos, las palabras que se contradicen y la debilidad de los argumentos.
Cuando desde muy pequeño el rechazo te hiere, apaga tu voz, pero tu alma es fuerte, aguerrida, de esas que se atreve a luchar por el deber ser, por la justicia, en esto te conviertes, en un Psico-loco; alguien que mira más allá, para quien las falsas apariencias y las mentiras son como veneno, alguien que aprecia la verdad más que al oro y la plata.
No soy un erudito en esta ciencia, pero, desde la barrera del conocimiento y la prudencia, comprendo que tú, al igual que yo, profundizas en el ser y entiendes más que lo obvio, sólo espero que la aprehensión de lo intangible no engañe tu corazón, porque, así como del odio al amor, de la verdad a la mentira hay un paso.
Deseo con sinceridad que tu alma se sacie de la verdad, la justicia, la misericordia y demás bendiciones que nada más esta profesión puede dar; que Dios te dé ojos que penetren el ser hasta su esencia, esto será tu alimento. Por último, deseo que escuchar y observar nunca dejen de satisfacerte, Señorita Freud.
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